domingo, 27 de septiembre de 2009

Smile

Siempre me han llamado la atención esos niños que a veces salen por televisión, victimas de la más devastadora pobreza, o que han sufrido el azote de alguna injusticia social o climática, y que sin embargo le sonríen a las cámaras y a los reporteros. Sonríen sin miedo y sin pudor con los ojos encendidos de esperanza. Esas sonrisas incluso le hacen a uno sentir culpable pues pensamos, “Es como si esperaran algo de mí”. Quizás nos sorprenda, que hoy en día alguien espere algo de otro alguien sin que esto vaya en el beneficio de los dos. Recuerdo una tira de Mafalda que dice algo así como: “Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo”. Pero creo que en este caso, Mafalda, no se refería a esa risa tonta que provocan la algunas sustancias sicotrópicas, ni que nos riamos de los asuntos serios, si no que aprendamos a reír y a buscar el optimismo en nuestra cara y en la de los demás. Es asombroso ver como es la sonrisa, la vaselina que facilita las relaciones sociales de nuestra época. Si no, haga usted la prueba. El otro día iba en la guagua, y había una señora que entró dando una lección de alegría y buen humor a todos los que allí estábamos sentados. La tuvieron que ayudar a subir entre dos hombres, porque llevaba muletas y dos bolsas de la compra. Tenía una risa escandalosa que no dejó indiferente a nadie de los que hacíamos aquel trayecto. Miré al resto de los pasajeros, tan serios y preocupados y pensé que sus problemas seguramente, no serían ni más serios ni más fáciles que los de aquella señora, pero aquella señora había decidido tomar el camino alegre para ella y para todos en un ejercicio de civismo y generosidad, y simplemente, sonreía. No es esta acritud generalizada, lo que nos librará de las desgracias que nos tocará vivir.Hay, ultimamente una especie de moda, que transmite que las cosas que estan mal, tienden a ir a peor;la tasa de paro crecerá, el cambio climático destrozará el mundo, Zapatero y Rajoy cada día se dirán frases mas hirientes en los debates del estado de la Nación, los jóvenes harán mas botellones... Y no es cierto, no tenemos pruebas de que esto vaya a ser así.Las cosas pueden ir a peor o a mejor siempre, ¡Que no cunda el pánico!. Si fuera mal pensada, pensaría que quieren entristecernos, porque tristes, no somos especiales. Tristes no buscamos soluciones. Tristes, tenemos miedo. (Si fuera mal pensada). Yo, por mi parte, una vez más, estoy con Mafalda.

martes, 18 de agosto de 2009

¿El vivo... al Hoyo?

¿Pasan ustedes a menudo por delante de la Estación de Guaguas del Hoyo, en Las Palmas? Yo me bajo allí casi todos los días. ¿Se han fijado ustedes en ese espacio donde hay dos bancos donde sólo hay indigentes? A la hora a la que paso por allí, estas personas se están despertando. Su cama, es un banco, allí se acuestan todas las noches abrigándose con una manta. No solo me he fijado en ellos, sino en el comportamiento de las personas que pasamos por allí. Ni siquiera les miramos. El más osado piensa en cuánto le molesta aquella imagen tan violenta, a primera hora de la mañana. Algunos tienen miedo, otros sienten asco, y casi todos los demás no sienten absolutamente nada. Estas personas, no piden dinero, ni limosna, simplemente están, porque que ya ni son. Abrigadas con una manta y sus tristes recuerdos, su triste presente. No he estudiado la psicología del vagabundo ni se mucho de la psicologia en general, pero yo supongo que estas personas viven cada día nuevo de su vida como si ya lo hubieran vivido, mirando sin fijarse en nada, sin esperar nada. Me pregunto si a esa hora las personas que tienen competencias para solucionar esta situación no pasan nunca por allí...no me refiero a la caridad con condiciones de Cáritas, quien, por cierto hace una gran labor, sino a políticos, periodistas, seres humanos... ¿Estaran en la inauguración de algún nuevo telescopio de 130 millones de euros,que siga fomentando una sociedad de progreso sin humanidad? Necesitaremos un telescopio mucho mejor si queremos ver las estrellas cuando no somos capaces de ver a las personas que malviven con nosotros en la ciudad, esas radiografías humanas que caminan con más peso en el alma que en el cuerpo, como si realmente fueran hijos de un dios menor. Esto nos convierte no en culpables sino en testigos indiscretos que nos pasamos los unos a los otros el testigo de la indiferencia, y mientras no seamos capaces de pisar la línea que separa ésta indiferencia del resto de las cosas, seguiremos siendo tan pobres por dentro como los vivos del Hoyo lo son por fuera.